Sobre mí
Quién soy
Soy Guada. Argentina que después de mucho lo logró: me mudé a Barcelona y cumplir un sueño. Mamá, fan de su familia, corredora, curiosa, amiguera y también alguien que necesita y valora mucho el espacio propio.
Hace más de 15 años que acompaño procesos de cambio desde Recursos Humanos, trabajando con personas, equipos y organizaciones. Y en ese recorrido fui descubriendo otros intereses, búsquedas y formas de hacer que, de a poco, empezaron a encontrar su lugar.
Me interesan las personas, lo que nos mueve, lo que nos incomoda y todo aquello que creemos que no puede cambiar. Me gusta aprender, enseñar, crear proyectos, explorar ideas y hacerme preguntas. Durante mucho tiempo, me costó encontrar qué conectaba cosas que parecían ir por caminos distintos.
Hoy siento que hay algo que las une: mi curiosidad por las personas y por todo lo que puede pasar cuando nos animamos a mirar las cosas de otra manera.
Esta es la historia detrás de esa mirada.


Las personas detrás del cambio
En las organizaciones, los cambios no son solamente equipos, estructuras o formas de trabajar en abstracto. Implican personas que están tratando de entender qué pasa, adaptándose a nuevas maneras de hacer las cosas y encontrando su lugar en una realidad cambiante.
Desde Recursos Humanos, parte de mi rol era acompañar a las personas en ese proceso: ayudarlas a entender por qué era importante cambiar, encontrar la manera de subirse al barco y transitar lo que ese cambio implicaba para cada una.
Porque el contexto puede cambiar rápido, pero las personas tenemos nuestros propios tiempos y procesos.
Lo que más me interesaba iba más allá del cambio organizacional en sí. Siempre me interesaron las personas en concreto: sus decisiones, sus emociones, sus posibilidades de crecimiento, sus resistencias y todo lo que se pone en juego cuando algo necesita transformarse.


Algo que no estaba en mis planes
Con un papá que estudió Educación y una mamá psicopedagoga, siempre crecí convencida de que mi camino iba a ser muy distinto. Lo mío era el «mundo corporativo» y, durante mucho tiempo, creí que mi lugar estaba ahí adentro.
Pero la vida siempre tiene vueltas que no nos imaginamos. Mi primer acercamiento a mi lado docente fue dando clases de apoyo escolar en los últimos años del colegio, aunque en ese momento pensé que había sido algo puntual. Más tarde, di clases en la universidad en la que estudié; después llegaron los talleres, las formaciones y hasta la oportunidad de diseñar y crear desde cero un área enfocada en aprendizaje dentro de una gran compañía.
En ese recorrido fui descubriendo que lo que me mueve no es tanto enseñar lo que sé, sino compartir aquello que me genera curiosidad, que me apasiona, que me enciende y me hace pensar. Me convoca abrir preguntas, ordenar ideas, compartir miradas y acompañar a otros mientras encuentran las propias.
Creo que también hay algo de eso en mi forma de acompañar procesos. Más que compartir respuestas, busco poner sobre la mesa preguntas, perspectivas y reflexiones que ayuden a mirar algo de una manera diferente y descubrir nuevas posibilidades.

Una misma persona, distintos contextos
Desde siempre me generó cierta tensión pensar el trabajo y la vida como aspectos totalmente separados, como si hubiera una "yo" que trabaja y otra que vive. Creo que somos una misma persona atravesando distintos contextos. En cada uno se ponen en juego distintas partes de nosotros, aparecen diferentes formas de relacionarnos y de reaccionar ante distintos estímulos, pero no por eso somos personas diferentes. Por eso creo que el cambio también debería pensarse de esta forma: de manera integral.

El cuerpo también es parte de la experiencia
Moverme siempre fue mucho más que hacer ejercicio para mí. Es una forma de sentirme bien, de conectarme conmigo, de ordenar lo que me pasa y, muchas veces, de atravesar momentos difíciles. El movimiento físico tiene algo profundamente terapéutico y transformador: nunca empiezo y termino una actividad sintiéndome de la misma forma. Nunca me arrepentí de moverme. Siempre salgo mejor de lo que empecé.
Después de tantos años entrenando y buscando distintas formas de cuidar mi cuerpo, cada vez me interesa más explorar cuánto más conectados están el movimiento físico y el movimiento interno de lo que solemos pensar. Para mí, el cuerpo no está separado de lo que pensamos, sentimos y vivimos. Muchas veces, incluso, percibe cosas antes de que podamos ponerlas en palabras.
Por eso, el movimiento físico es una dimensión que quiero seguir explorando e integrando a mi mirada. Hay algo que tengo cada vez más claro: el bienestar físico y el bienestar interno no me parecen dos búsquedas separadas.

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